Desde el
mismo instante de la unión de la sangre, viene navegando en un
anchuroso río de tiempos y memorias, traficando la palabra y los
sueños.
En un
incesante construir armoniosamente la poesía, que siente desde el
átomo más ínfimo de su cuerpo hasta el macro mundo del espacio
sideral.
En su voz
revivimos la ternura del amor, la maravilla de los astros y
caminamos por la historia que nos remonta a siglos de gloria, de
hazañas, descubrimientos, artes y ciencias.
Nos lleva a
sentir los cambios de clima y a conectarnos con la naturaleza en una
explosión de misterio.
El amor está
siempre presente como una forma mágica de
salvar la
tierra.
Nos regala
la ilusión de sentir con este libro, que los años no pasan, que la
vida siempre será, porque hoy como ayer «Es primavera».
Tomamos la
semilla de lo verde y cosechamos del jardín de sus versos las
fragancias de sus imágenes, para formar un ramillete de rosas que
diga con el poeta:
Eduardo
Ceballos, en cada página suelta sus vibrantes energías, empuja los
espacios, moviliza los ángulos. Toma vocablos encontrados en el
diccionario del tiempo, hasta descubrir una palabra para silabear el
silencio que mueva la sangre y emocione. Maneja tiempos y
nostalgias. En su búsqueda trae la memoria de la tierra y de los
astros.
Nombra el
maravilloso mundo circundante y con la alcancía de sus ojos, pinta
sueños. Cruza los océanos, asombrando al viajero.
Protagonista
de un nuevo destino, camina lento entre tinieblas buscando la luz
que ilumine el cerebro de los hombres.
Los años le
dieron alegrías y dolores que lo fueron modelando. Su mundo es
mágico, vuela como un pájaro feliz, cruzando los cielos para dibujar
el paisaje, en una visión irrepetible, donde la libertad es un
himno.
Formula la
fiesta de la poesía y sus manos creadoras mueven la voluntad y la
inteligencia en su gesto creativo.
Guarda en el
cofre de su memoria cada instante, como símbolo vital de su paso por
la existencia.
Humilde su
canto, humilde su vida. Se desnuda ante el papel, para fundar un
jardín de pensamientos vivos.
Llora,
canta, ríe en el remolino furioso de su tiempo, para aplacarse del
todo cuando la tierra lo abrace definitivamente. Volverá con la
primavera, con flores nuevas y levantará con sus
trinos,
cantos azules para el alma.
Como una
paloma, como una simple paloma, cruzará por el aire con su aleteo
vivaz, como símbolo de paz.
Llenará de
luz y aroma, ofrecerá la suavidad de la flor, las acequias,
cascadas, música de golondrinas y perfume de azahar.
Vieja
alquimia‘, piedra que rueda sin cesar, porque también en el río de
su sangre «Es primavera».
SUSANA
ROZAR