Al leer las
páginas de este libro, percibo el silencioso camino recorrido por el
poeta, rescatando en cada paso el rumor del paisaje, la bondad de su gente y
la sinfonía de formas y colores de aquello que lo rodea; nos convida con
las porciones más importantes que conforman su mundo
interior,
plasmándolas al papel para dejar a las futuras generaciones un testimonio
de su tiempo.
Refleja
además una síntesis histórica del nacimiento de Cafayate, aportando al
investigador, al estudiante o al turista, información acontecida cuando sus
habitantes transitaban los caminos de tierra, la cálida vecindad,
la fresca
melodía del viento, el arduo trabajo viñatero, o el canto del agua recorriendo
los surcos para alimentar la semilla.
Tiempos de
una pujante población preocupada por acercar el aguacorriente o
el pavimento.
Como su
nombre lo dice Cafayate (pueblo que lo tiene todo) posee lo más valioso,
la cordialidad de su gente que brinda al viajero sus manos y su corazón.
Poseedor de
un invalorable bagaje de vivencias Eduardo Ceballos descubrió
muchos amigos durante los años que animó la Serenata a Cafayate y
los fue guardando como un precioso tesoro, y hoy las rememora junto al
colorido paisaje, los verdes viñedos, sus grandes tinajas que ornamentan
casas y plazas, el simbol que adorna las mesas, sus añejos vinos, esas
inolvidables noches de escenario, los cantores, los poetas inspirados
por las musas y los buenos amigos.
Cómo no
homenajear entonces con un libro de su autoría a esta tierra que llenó su
alma de vibraciones nuevas, cómo no contar del candor de su gente,
cómo no alabar su paisaje tan conocido a nivel turístico, cómo
no nombrar
sus vinos premiados internacionalmente y sobre todo cómo olvidar la
Serenata a Cafayate, uno de los festivales más importantes del país y el
más grande del noroeste argentino.
Como salteño
le debía un homenaje a esta región que le dio tantas energías y tantas
alegrías.